sábado, 27 de febrero de 2010

Buen consejo (Eubolia)

31

No se puede violentar nada.
Después de tres años de estar así,
no la busques
como si el oxígeno hubiese regresado
para servirle de techo a la Tierra.
Déjala.
Lo que haya de ser se dará,
cómo quiera o cómo deba
quién o lo que volición tenga
para decidir.
Si ella aparece de nuevo,
ya tienes, aunque amargo,
el fruto de consuelo
como guinda de tarta envenenada.
¡Brinda por tus tres años,
siete o veinticuatro
sacrificados a la nada del escribir
sin salida!

No se puede violentar nada.
¿Qué te trajo tu impaciencia,
tu insolencia incapaz de ingerir distancias?
Una distancia fría
más que las aguas profundas y gélidas
de cualquier océano.
Tres años de estar más allá
que aquel Atlántico
en el que los antiguos creían
que se acababa la Tierra.

No se puede violentar nada.
No puedes siquiera violentarte
a no amarla,
como ella sí parece.
¡Qué bien le sentaron sus tres años
de estar más allá que aquel Océano
donde se acaba la Tierra!
Un Océano de Silencio oscuro para ti,
sin azules de cielo en el espejo del agua,
sin vida ninguna,
cual si en otras dimensiones.

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